No seamos inmaduros, el romanticismo independentista es una farsa de la élite catalana

Ya saben ustedes mi postura. El problema catalán tiene su origen en una lucha de poder interna entre dos de los componentes genuinos del Totalitarismo Invertido patrio. Por un lado las élites centralistas; por el otro, las elites periféricas catalanas.
En realidad ambas se han aliado en las últimas cuatro décadas para implementar políticas regresivas y represivas contra la mayoría de la ciudadanía y en defensa de los intereses de los “suyos”, tanto de aquellos que medran de la política, como de esos intereses privados que succionan de lo público. Ambas burguesías, la centralista y la catalana, son profundamente rentistas. Ello sin duda les ha generado en el pasado pingues beneficios, aderezados con múltiples escándalos de corrupción. Ambas élites, en definitiva, son igual de zafias, corruptas y distópicas.

Pero este escenario toca a su fin. Desde un punto de vista económico, el súper ciclo de deuda, del cual mamaron estas élites, se agota. Se trata de ver como se reposicionan en un mundo globalizado postcrisis.

Cuando la burguesía catalana percibe que ya no puede medrar de la teta de España, se echa al monte y decide optar por la independencia. Pero, por favor, no seamos inmaduros, el romanticismo independentista que nos presentan los mass media separatistas es la guinda que adorna una decisión tomada exclusivamente por las élites catalanas, por mucho que acudan a la CUP para agitar la calle.

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