México, un gran cementerio clandestino

A Fernanda Rubí Salcedo la desaparecieron “por bonita” hace más de cinco años. A 30 metros de un cuartel de la Policía, cuatro hombres se la llevaron sin que nadie interviniera y a pesar de los gritos de la joven. A su madre, Aracely Salcedo Jiménez, las autoridades locales solo le dijeron, días después, que un “jefe narco la mandó pedir”.

Incansable y soportando amenazas de criminales y autoridades, esa mujer se esfuerza por recobrar a su hija con vida, pero también la busca entre los muertos. Junto con otras familias que igualmente claman por sus descendientes, esposos o hermanos, ha localizado decenas de fosas clandestinas. Ante la inacción del Gobierno mexicano, comenzó escarbando con sus propias manos, literalmente.

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