Golpe palaciego en Riad

La guerra contra el Emirato Islámico va llegando a su fin en Irak y en Siria, parece que se ha logrado evitar el conflicto armado contra el seudo Kurdistán y varios Estados del Medio Oriente ampliado comienzan a retomar la iniciativa. Aprovechando la fluidez del momento, el príncipe heredero de Arabia Saudita ha eliminado abruptamente a todos los miembros de la familia real que podían representar algún peligro para su control del poder. La guerra no sólo acaba de modificar la correlación de fuerzas regional sino que uno de los principales actores acaba de cambiar de objetivos.

Dicen que a la naturaleza no le gusta el vacío. El fin del «Emirato Islámico en Irak y Siria» (Daesh, su acrónimo árabe) -que acaba de perder sucesivamente las ciudades de Mosul, ante la ofensiva del ejército iraquí; Raqqa, tomada por el ejército estadounidense; y Deir ez-Zor, liberada por el ejército sirio- cierra una guerra y abre un nuevo periodo. El fracaso de Massud Barzani en su empeño por obtener el reconocimiento internacional de la anexión de Kirkuk por los kurdos del PDK (Partido Democrático del Kurdistán iraquí) descarta el proyecto de creación de un nuevo Estado colonial, el seudo Kurdistán, puesto avanzada del ejército israelí contra Irán.

En momentos en que la devastación reina en el Medio Oriente ampliado, principalmente en Libia, en Siria, en Irak, Yemen y Afganistán, quedan aún en esa región 4 Estados en condiciones de hacer progresar sus intereses: Israel, Arabia Saudita, Turquía e Irán. Para lograrlo, cada uno está obligado a tomar una iniciativa antes del encuentro entre los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin, que debe producirse durante la cumbre de la APEC (el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico) a celebrarse en Danang del 8 al 10 de noviembre.

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