¿Está saliendo Irak de cuarenta años de guerra?

Hay un creciente clima de autoconfianza en Bagdad que no había visto desde que visité por primera vez Irak en 1977. El país parecía entonces encaminarse hacia un futuro pacífico y próspero gracias al aumento de los ingresos del petróleo. Sólo varios años después fue evidente que Saddam Hussein era un monstruo cruel con una desastrosa tendencia a iniciar guerras imposibles de ganar. Entonces podía conducir con seguridad por todo Irak , visitando las ciudades de Mosul a Basora, que se convirtieron en letalmente peligrosas en los siguientes 40 años.

Las calles de la capital están llenos de gente que compra y come en los restaurantes hasta muy entrada la noche. Mirando por la ventana del hotel, puedo ver a la gente, por primera vez en muchos años, construyendo cosas que no son fortificaciones militares. No hay manchas siniestras de humo negro en el horizonte señalando donde han estallado las bombas. Más importante, hay un sentimiento popular de que las dos victorias de las fuerzas de seguridad iraquíes en Mosul en julio y Kirkuk el 16 de octubre han cambiado de forma permanente el equilibrio de poder a favor de la estabilidad. El primer ministro Haider al-Abadi, criticado por débil y vacilante, es hoy en día elogiado casi por todos por su tranquilidad, decisión y exito en la lucha contra Isis y por hacer frente a los kurdos.

“Detecto una cierta desenvoltura en Bagdad que no he visto antes”, dice el historiador y ex ministro iraquí Ali Allawi. “Al-Abadi apenas ha metido la pata desde el inicio de la crisis de Kirkuk”. Un funcionario de seguridad iraquí recientemente retirado añade que “fue una suerte para todos los iraquíes, que [el presidente kurdo Masoud] Barzani provocase la confrontación cuando lo hizo”. La gente en la capital está empezando a parecer más como vencedores que víctimas.

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