La guerra sin límites: la OTAN y su socio Israel

Sin ser abiertamente parte integral de la OTAN, Israel trabaja en su nombre. Comparten inteligencia, tecnología militar e intereses. Los acuerdos que los israelíes tienen con la Alianza Atlántica, les garantizan impunidad en las violaciones al derecho internacional y en los crímenes de lesa humanidad que cometen. A cambio, la OTAN garantiza su ampliación al Magreb.

Una primera directriz de análisis sobre el papel de Israel dentro el “nuevo concepto defensivo” de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) está constituida por la expansión de la Alianza Atlántica del Norte hacia el “frente sur” del Mediterráneo, sucesiva a la guerra contra la antigua Yugoslavia al final de la década de 1990 que, además de la expansión hacia Europa oriental, ha visto interesarse también en los Estados-naciones del Maghreb.

La penetración hacia el sur se dio a través de los métodos siempre más intensos de cooperación de los países del Maghreb -y no sólo dentro del “nuevo concepto defensivo” de la Alianza Atlántica- con la extensión de las redes de bases y sus soportes logísticos, la entrega de armas, el entrenamiento conjunto, la elaboración de un plan de contrainsurgencia basado sobre la así mal llamada guerra contra el terrorismo y contra las organizaciones islámicas y hacia la “normalización” de las relaciones con Israel.

En realidad la legislación antiterrorismo no sólo ha legitimado la “cacería contra los musulmanes” y las prácticas de extradición extrajudicial por parte de Estados Unidos y sus aliados, sino que ha llenado las cárceles de los regímenes árabes de disidentes políticos que con las guerrillas islamistas, muchas veces, no tienen nada que ver.

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