ENFOQUE SOTT: ¿Pueden la disbiosis intestinal crónica y el crecimiento excesivo de bacterias ser protectores en algunos casos?

El crecimiento excesivo de bacterias en el intestino delgado (SIBO, por sus siglas en inglés) es una condición que entra en la categoría de “disbiosis intestinal”. Como su nombre indica, se caracteriza por un crecimiento excesivo de la microflora en el intestino delgado. Los síntomas típicos incluyen hinchazón, dolor abdominal, flatulencia excesiva, eructos, síndrome del intestino irritable, estreñimiento, diarrea, halitosis, acné, etc. Las bacterias que colonizan esta porción del tracto digestivo son capaces de metabolizar las fibras fermentables para producir cantidades significativas de gas como subproducto del metabolismo.1 Los dos gases predominantes son el hidrógeno y el metano. El diagnóstico del SIBO se basa en una prueba que implica el consumo de una solución a base de azúcar y luego una medición del contenido del aliento.

Los niveles elevados de hidrógeno o gas metano indican que hay un crecimiento excesivo de bacterias, y se usa como evidencia para apoyar la adopción de un protocolo diseñado para matar dichas bacterias. Los protocolos típicamente involucran agentes procinéticos, enzimas digestivas, destructores de biofilm, hierbas botánicas antimicrobianas, antibióticos como la rifaximina, y quizás también probióticos. Aparte de la prescripción de una amplia gama de suplementos, a menudo se les dice a las personas que adopten una dieta baja en FODMAP o un protocolo más restrictivo del tipo GAPS para “matar de hambre a las bacterias”, minimizar los síntomas y apoyar la integridad de la barrera intestinal.

Sin embargo, el SIBO es una afección notoriamente difícil de tratar exitosamente a largo plazo.

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