Griezmann, purasangre con espíritu gregario

Ahora que casi todo el fútbol se analiza con pantallas, flechas, datos y números, basta sondear el mapa de calor habitual de Antoine Griezmann para corroborar que, en ocasiones, las estadísticas sí ratifican las sensaciones.

El irreductible Asterix de esa aldea gala que comanda Simeone y resiste al invasor del duopolio Madrid-Barça ha vuelto a demostrar que es un jugador superlativo. Uno con el don de la omnipresencia.

El francés jugó como enganche, como volante, como interior, como extremo por la derecha, como estilete por la izquierda y como delantero centro improvisado durante unos minutos.

De propina, su presencia se multiplicó por todos los rincones de la alfombra del Calderón, llegando a aparecer para hacer coberturas al lateral diestro y también al zurdo. En coberturas defensivas, Antoine.

En mediocampo para presionar, Antoine. En ayuda de los defensas para achicar cuando el rival aprieta, Antoine. Entre líneas, Antoine. Para conducir el contragolpe, Antoine. Para centrar al área, Antoine.

Para anotar en boca de gol, Antoine. Y para ejecutar un tiro libre made in Luis Aragonés, de esos que quitan las telarañas de la escuadra, Antoine.

TIENE UNO CONTRA UNO, VISIÓN DE JUEGO, CAPACIDAD PARA ASOCIARSE, PARA DRIBLAR, PARA ASISTIR, PARA REMATAR Y ADEMÁS, PARA SER DETERMINANTE EN LAS FALTAS DIRECTAS

No es casualidad que un tipo de genética ganadora, energía positiva y método meticuloso, como Simeone, considere a Griezmann como el único tipo que tiene licencia para interpretar los partidos, leerlos a su gusto y jugar con absoluta libertad, tanto táctica como posicional.

Estamos ante un jugador con una capacidad de aprendizaje brutal. Al punto de que ya no es un extremo fino, elegante, que ve puerta con asiduidad. Ahora también ha superado esa época en la que era un delantero eléctrico con olfato de gol y llegada mortal con espacios. No. Ahora Antoine es mucho más que todo eso. Griezmann sigue quemando etapas, aumentando su radio de acción en el juego y su margen de mejora sigue siendo espectacular.

Tiene uno contra uno, visión de juego, capacidad para asociarse, para driblar, para asistir, para rematar y además, para ser determinante en las faltas directas.

Antoine ha mejorado sus registros de manera admirable. Pegada de colibrí con ambas piernas, instinto de cobra en el área, finura en cada regate, velocidad endiablada en cada galopada, desmarque inteligente en cada lance y una visión de juego que no para de mejorar.

Rubén Uría