Lukaku: “Convertirme en el mejor es mi objetivo”

Romelu Lukaku, delantero belga del Everton con pasado en el Chelsea, uno de los jugadores con mayor proyección en Europa, aseguró que además de ganar títulos, trabaja para ser el mejor jugador del mundo.

El ariete del Everton es el máximo goleador de la Premier League inglesa esta temporada, con 21 tantos y un promedio de una diana cada 117 minutos que le colocan, en goles y en efectividad, por delante del español Diego Costa, el sueco Zlatan Ibrahimovic o el argentino Sergio Agüero. Lukaku lleva, además, 6 asistencias.

El seleccionador de Bélgica, Roberto Martínez, le conoce de sus tiempos en los banquillos de la “Premier” y le ha convertido en la referencia del ataque de los “diablos rojos”. El español cree que Romelu Menama Lukaku Bolingoli, hermano del defensa del Lazio italiano Jordan Lukaku, puede aspirar a ser el mejor futbolista del mundo.

“No hay nada de malo en tener ambición. Algunos pueden tomárselo como arrogancia, pero es solo una meta que me he marcado. Convertirme en el mejor es mi objetivo, pero el camino aún es largo. Cada semana tengo que demostrar que me acerco a los mejores. Es un gran desafío, pero me gusta”, explicaba a la prensa el delantero antes del partido contra Grecia.

Lukaku habla con la misma naturalidad con la que juega al fútbol. Cuando el balón va por el aire y forcejea de espaldas a la portería para bajar la pelota, revolverse y disparar es fácil adivinar lo que va a hacer. Y aún así anota. Cuando le preguntan por su secreto, la respuesta también es evidente: “el trabajo, solo eso”.

“Intento trabajar cada día mucho más que los demás”, resume.

Suena para el Liverpool, Chelsea y Manchester United. También para el Real Madrid, el Juventus, el Atlético de Madrid o el París Saint-Germain.

El jugador, belga de origen congoleño, cuyo agente es el célebre Mino Raiola, quiere disputar la Liga de Campeones y no esconde su hambre de trofeos. Es solo cuestión de meses que abandone el Everton de Ronald Koeman, con el que estuvo deshojando la margarita y finalmente no ha renovado contrato más allá de junio de 2019.

“No puedo decir nada, pero la decisión está tomada”, señalaba hace un par de semanas el gigante tranquilo (1,90 y 94 kilos).

Hijo de futbolista, el congolés Roger Lukaku, que desarrolló la mayor parte de su carrera en equipos menores de la liga belga, Romelu adquirió de su padre los conceptos futbolísticos y de su madre la fortaleza mental. Se confiesa creyente y se limita, dice, a seguir el camino que Dios ha escrito para él.

Es un 9 farragoso, peleón, de libro. Pero Lukaku es más que el delantero-armario experto en bajar balones. El “10” del Everton, zurdo, tiene un regate eléctrico, habilidad en el contraataque, puntería y generosidad. Es regular como un reloj de cuco y su juego recuerda, en algunas cosas, al del holandés Ruud van Nistelrooy o al del marfileño Didier Drogba.

“No soy un Eden Hazard o un Kevin De Bruyne, pero intento ser súper eficaz y hacer que mi equipo gane”, resume cuando se le compara con los dos jugadores-franquicia de su selección.

Lukaku debutó con 16 años en el Anderlecht y recaló con 18 en el Chelsea, por unos 20 millones de euros. Pero el club, que recibía entonces a un flamante Fernando Torres, le cedió al West Bromwich Albion (2012-2013) y luego al Everton (2013-2014), que acabó fichándole por 28 millones de libras (unos 32 millones de euros).

Anoche, Lukaku dio el empate “in extremis” a los suyos frente a Grecia. Recibió de espaldas, se revolvió y encontró hueco donde no había.

“Pedí el balón y luego fue instinto. Ya sabía lo que iba a hacer antes de recibir la pelota”, comentó tras el partido el delantero, que con el tiempo reglamentario cumplido estuvo a punto de hacer un segundo tanto que habría significado la victoria belga.

Al término del partido, ante una prensa belga agradecida al mejor del partido, Lukaku no quiso ponerse límites.

“Solo tengo 23 años, me queda un largo recorrido”, lanzó sonriente.