Macarena Aguilar: trazos firmes de un balonmano brillante

MACARENA AGUILAR DURANTE UN PARTIDO DE ESPAÑA EN EL EUROPEO DE BALONMANO 2016. FOTO: VALENTÍN GONZÁLEZ DE GARIBAY

Aguilar reflexiona al respecto de esta circunstancia y al cambio de papeles entre el marco de los clubes y de la selección —se afianzó en la absoluta desde 2006—: «Está todo un poco unido. Al final, aquellas jugadoras que estaban entrenando, compitiendo a un buen nivel, con buenas condiciones, y que siguieron o seguimos compitiendo en España o fuera han significado un beneficio directo para la selección. Y creo que Itxako —donde Macarena estuvo entre 2009 y 2012— tuvo mucho que ver porque consiguió reunir a nueve jugadoras, que al final entrenaban todos los días juntas en el mismo club, la selección hacía el mismo juego, las otras jugadoras que no estaban en Itxako empastaban perfectamente, y además coincidió con el mejor momento de muchas jugadoras».

Un palmarés envidiable

Un recorrido de las Guerreras extendido en el tiempo con conquistas como el bronce en el Mundial de Brasil de 2011, el bronce olímpico en los Juegos de Londres 2012 —«fue el mejor momento de mi carrera»— o el subcampeonato de Europa de 2014, llegando en el verano de 2016 a los Juegos de Río, donde se concretó un diploma, pero una dolorosa derrota ante Francia: «Es uno de los puntos negros de mi carrera por la crueldad de la eliminatoria. Estuvimos muy jodidas. Y aún fue más complicado porque queríamos volver a casa y no pudimos regresar hasta una semana después». Lamenta también el siguiente encontronazo contra las galas en el último Europeo.

Para Macarena, como para muchas de sus compañeras, después del bronce de Londres, verano en el que desapareció Itxako, comenzó su etapa fuera de España, donde ya había logrado todos los títulos posibles entre Osito, Sagunto y el club de Estella. Dos temporadas en el Randers danés, una en el Gyor húngaro, un fugaz paso por el Rostov-Don ruso, regresando a Hungría con el Siofok, y fichando para la vigente campaña con el campeón alemán, el Thüringer. «Cuando sales, lógicamente, conoces otras costumbres, otros países, otras lenguas, mucha gente, pero en el ámbito del balonmano sobre todo ha sido un crecimiento en cuanto al trabajo físico, que es el pan de cada día, y he tomando consciencia total de lo que es ser jugadora de balonmano profesional en todos los aspectos. Me alegró mucho, por ejemplo, por casos como los de Lara (González) o Mireya que tuvieron la oportunidad de salir fuera muy jóvenes y están aprendiendo cosas que yo aprendí ya con 27-28 años», cuenta la manchega.

Exigente y con carácter

Recorrido de toda una vida para Macarena, quien se define como «una chica muy corriente, muy normal, un poco vergonzosa e introvertida; me cuesta mucho abrirme con la gente. Pero también tengo muy mala leche, mucho carácter. No soy la misma en la pista que fuera de la pista. Entrenando y en los partidos intento siempre darlo todo, pero no suelo enfadarme y templo más. Pero fuera me pico enseguida. Soy muy exigente y tengo temperamento. Mis compañeras me llaman pitufina gruñona».

El equilibrio lo encuentra con su marido el también balonmanista Jorge Maqueda: «Es un apoyo al 200%. Me ayuda mucho a analizar las cosas, pero además con ese conocimiento de causa de hablar el mismo idioma, de vivir el mismo mundo. Y yo intento hacer lo mismo con él. Dice que le he ayudado mucho a cambiar su temperamento en la pista. Mi experiencia le ha ayudado mucho a él”. Y demás asegura que «nunca me olvido de dónde vengo, de dónde están mis raíces».

«Soy una chica muy normal, un poco vergonzosa e introvertida; me cuesta mucho abrirme con la gente. Pero también tengo muy mala leche. No soy la misma en la pista que fuera de la pista»

El valor de la experiencia y el de ser una voz autorizada en el balonmano femenino español, siendo referencia para sus compañeras y aquellas que comienzan en su deporte. Tímida cuenta las medallas que ha conseguido junto a sus compañeras como legado para el balonmano, sin embargo es más firme a la hora de definir su sello para el recuerdo: «Espero que me vean como la chica que se rompía la cara y las narices y que iba iba siempre a muerte».

Comparte como lema aquello de «vive cada momento como si fuera el último» y lanza como mensaje a aquellas que quieran ser jugadoras de élite de balonmano (o deportistas de otras disciplinas) que «si quieres llegar tienes que poner todo de tu parte y trabajar muchísimo y duro y sin condiciones». Para sí misma, por lo pronto, desea «poder disfrutar del balonmano».

ESCRITO POR RAÚL COSÍN