Paloma Gómez Borrero: cordialidad maternal, periodista de raza

Hay cientos de personas que la han conocido mejor que yo, pero no quiero dejar pasar mi breve testimonio sobre Paloma Gómez Borrero, fallecida ayer en Madrid, que escondía detrás de una cordialidad maternal a una auténtica periodista de raza.

Tuve la suerte de encontrarla por primera vez en el lejano 1989. Acababa de llegar a Roma como corresponsal entonces de Europa Press y ella fue una de las primeras manos amigas que me ayudaron a empezar a entender un poco el mundo romano y vaticano. Y lo hizo simplemente mostrándose disponible a perder el tiempo con un novato. Lo mismo pueden decir otros muchos colegas que encontró a lo largo de su dilatada carrera profesional. Recuerdo algunas deliciosas conversaciones en su mítico Fiat 500 de ida o vuelta de la Sala Stampa de la Santa Sede.

Descubrí así que ese trato maternal (y de abuela, en los últimos años) era la punta de un iceberg; debajo de esa familiaridad y amenidad para contar las cosas había mucha profesionalidad, muchas horas de trabajo, muchas ganas de saber y una sorprendente capacidad multitasking: solía hacer varias cosas a la vez. Por ejemplo, siempre estaba gestionando favores que le pedían grupos de peregrinos españoles y de otros países, que la consideraban una especie de embajadora en Roma: me admiraba la paciencia y amabilidad con que lo hacía un año y otro… Y es que Paloma era una buena persona: no dudo de que habrá sido premiada con un cielo muy grande.