La gran tribu del disco – Parte 3: El día Grande (I)

Este capítulo del diario “la gran tribu del disco” lo he tenido que resumir y dividir en dos partes porque contiene demasiadas páginas, un sin fin de experiencias y muchos detalles, algunos no aptos para la edad del niño, que siempre me escucha atentamente. Se habla de un momento especial, todos se preparan y lo organizan alegremente durante días como si de un día Sagrado se tratara, una ruptura en la cotidianeidad de la tribu para celebrar un evento que ansían todos sus miembros. También me gustaría destacar que la letra en la que está escrito parece más bonita y la tinta es más brillante que en el resto del cuaderno, me gusta pensar que es por la emoción que le puso su autor, una ilusión que nació hace muchos años pero que se trasmite y sigue muy viva en las siguientes palabras.

Parte 3: El día Grande (I)

“Llevo días escuchando comentarios dentro de la gran tribu sobre un campeonato; organizaciones de coches, hospedaje, si va tal o si va cual… Me interesa pero me suena lejano, como que no va conmigo y además yo ya tengo bastante con estar adquiriendo cada día nuevos conceptos que todavía son muy básicos. Sin siquiera prestar atención a ejercicios que denomino de nivel 2, como la táctica o los inside y outside. Lo que si tengo bien aprendido es el post entrenamiento, aunque el de este lunes será especial. Entre cerveza y tapa me ofrecen ir a un torneo y me recorre una sensación contradictoria por el cuerpo.

Por un lado me ilusiona que confíen en mí, me lo venden como una experiencia positiva y además me gusta poder seguir dando pasitos adelante en el ultimate, por otra parte no tengo ni idea de lo que me espera, mi nivel es muy limitado al igual que el conocimiento que tengo de las normas y no me gustaría ser un estorbo. Dicen que les falta gente, que no está demasiado lejos y me insisten en que será una vivencia más para añadir al currículo de la vida, así que no tengo más remedio que cerrar los ojos un segundo y decir que sí, que me apunto.

El día

Ha llegado el día, voy al punto de encuentro dónde me recogerán con el coche para ir todos juntos a la ciudad del torneo. En el viaje resuelvo muchas dudas, algunas de ellas las traigo pensadas de casa y otras me surgen por el camino: se juegan varios partidos al día, el resultado más importante es pasárselo bien, aunque también queremos ganar, van equipos de sitios que me parecen muy lejanos, yo jugaré uno de cada dos puntos a pesar de que no tengo ni idea, mi rol en el equipo será correr y coger el disco en la end zone (me proponen conseguirlo una vez por partido, yo lo veo imposible), al llegar nos juntaremos todos los equipos en un bar… Podría escribir muchas más dudas resueltas, pero se me acabaría la tinta. En definitiva, me bajo del coche en nuestro destino con mucha más información que la que tenía al subir y sintiéndome más cercano al evento que todos esperan desde hace semanas.

Antes de juntarnos con el resto de la gran tribu (participantes) vamos a casa de un jugador del equipo organizador, allí podremos dejar el equipaje y dormiremos durante el fin de semana, nuestro anfitrión nos da de cenar y partimos al local a unirnos con los demás. Observo que la mayoría de ellos se conocen, sobre todo los más veteranos se saludan con prácticamente la mayoría de los presentes y me dan a conocer mientras se ponen al día de temas como la familia, el trabajo y no podía faltar, el ultimate.

La fiesta

Hablo con un hombre extranjero del que se cuentan maravillas y justo después del saludo cordial, pone cara de maestro y me dice “Primero la fiesta y después los partidos”, me parece que lo dice con conocimiento de causa y pienso que sería bonito con el tiempo ir conociendo a esas personas que poco a poco han ido llenando el bar. Durante unas horas se me ha olvidado que al día siguiente hay que jugar a ese deporte que cansa tanto y del que yo desconozco infinidad de aspectos, me lo recuerda mi compañero de coche y habitación, así que volvemos a casa a descansar.

Antes de dormirme reflexiono, estoy en la casa de un desconocido que me acoge y me trata lo mejor que puede por la única razón de practicar el mismo deporte, he conocido a muchas personas interesantes de las que se echan de menos en el día a día y a las que estoy deseando reencontrar a la mañana siguiente en los campos, la situación es de comodidad absoluta y estoy lleno de felicidad sintiendo que ese es mi sitio, un lugar dónde la palabra humanidad adquiere un sentido positivo. Y lo mejor de todo, el torneo ni siquiera ha empezado.